Logica mundi


El mundo es eso, lo que está ahí.
El mundo es la totalidad de los hechos, no de las materias.
El mundo viene decidido a través de los hechos, todos los hechos.
Parece simple pero no: está la totalidad, sí, los hechos, nada más. Lo que es todo, todo, pero no es el caso.
Los hechos son el mundo.
Algo puede ser un caso, un caso serio, o cualquier caso, un caso cualquiera. No puede darse el caso de que lo permanecido no sea permanecido.
Lo que es el caso, el hecho, ocurre eficazmente en todos los estados de las materias.
La condición de las materias es un informe de objetos: yo cosa, él cosa, usted cosa, etc.
La mayoría de las sugerencias y preguntas que se han escrito, es decir, las preguntas filosóficas: están equivocadas, son absurdas. Todas.
Adelanto: nosotros, los humanos, no podemos dar ninguna respuesta a las preguntas. A cualquier pregunta.
Estas irregularidades: también es necesario representarlas. Porque las irregularidades son todo.
El cd, el tomate, la sartén, las Ondas Martenot, el libro, el preservativo, el cepillo de dientes, la goma de mascar, el cuerpo humano, y así: materia, nada. Materia descomponible. Con ella, la materia, es posible armar preguntas irrespondibles. Por ejemplo: ¿la materia es mejor, peor, o idéntica?
Un caballo y un tornillo, veamos. ¿En qué se parecen? ¿Eh?
La verdad del funcionamiento de los enunciados requiere elementalidad y rigor, rigor y elementalidad. Si nos guiamos por los gases, todo se eleva, sube, se va al cielo, se evapora, etc. Pero si nos guiamos por los sólidos tipo el fierro o la piedra, bueno, ahí todo cae, se hunde, se clava, etc. Siempre según Newton. Del mismo modo, la función pasa inesperadamente de las sugerencias elementales a lo más sofisticado, y viceversa.
Propiedad: lo matérico es el resultado de una proposición veritativa. ¿Qué quiero decir con esto? Que la proposición veritativa y su función elemental son casi lo mismo. Pero difieren, lamentablemente, difieren, qué se le va a hacer.
La posibilidad de la interdefinibilidad de esas “señales primitivas lógicas” (Frege) muestra que en ciertas proposiciones no hay ninguna señal primitiva lógica, ninguna verdad, y esto nos da derecho a decir lo que queramos, cualquier cosa, que la Tierra es cuadrada, por ejemplo, o triangular, o lo que se quiera decir.
Es demasiado temprano para creer. Hay que esperar al mediodía, o a la tarde. Y esto no es extraño, no, es común, qualunque, como un corcho o una papa o una lata oxidada.
No digo nada todavía sobre las leyes “esenciales” de la lógica, eso lo dejo para más tarde.
Todas las sugerencias de la lógica sugieren las mismas pavadas, dicen la misma materia, o en relación con la materia; es decir, dicen algo, sí, pero ese algo no sirve para nada.
Veamos la lógica:

ν)μ’ x = Ω νxμ’ x Def.
Ω2x2’ x = (Ω2)2’ x = (Ω2)1+1’ x = Ω2, Ω2’
x = Ω1+1’Ω1+1’ x = (Ω’Ω)’(Ω’Ω)
x = Ω’Ω’Ω’Ω’ x = Ω1+1+1+1’ x = Ω4, x.

¿Y? ¿Qué me dicen?
Para dar cuenta de un formulario lógico de esta índole, debemos localizarnos un poco al costado, bajar y despedirnos: fuera, entonces, de la lógica, es decir, fuera del mundo. ¡Qué paradoja!
A lo largo de estas expresiones, muy familiares entre los filósofos, uno se para, se agacha, y quiere extirpar la raíz de la confusión. Ellos están siempre con la minucia de lo externo, pero olvidan las relaciones internas auténticas. Reculan, les gusta embrollar. ¿Un objeto? ¿Una materia? ¿Esto o lo otro? Ah, sería tan absurdo intentar dar respuesta a estas preguntas. Pero ellos acometen, nada los arredra.
A mí, en cambio, me interesan particularmente las expresiones que no clarifican, que no buscan clarificar. Las demás me duermen. ¡Proposiciones! ¡Argumentos! ¡Petitio principii! ¡Qué vetustez! La lógica envejece, se va muriendo.
La serie de mentiras que hay que tragarse. ¡La lógica! ¿Dónde está? Estoy tan cansado.
Una sugerencia: dejar de significar. Basta con eso. ¡El sentido! ¡El símbolo! Vaguemos.
La lógica es intrascendente. No dice nada. La fe en la lógica es una superstición.
Sí, señores: porque una proposición es socavada fácilmente. Sí. Continuamos, continúo. No es posible conversar, todo cae, se va, huye hacia delante. Nos vamos yendo, nos caemos.
La tautología. Persistir, no cejar.
La objeción. El que quiera objetar, que objete, está en su derecho. Que bufe. Sé de lo que hablo. ¿Por qué? Porque la objeción es el confín externo de las propuestas, la tautología, su centro.
La forma lógica de la realidad: pura fantasía.
Esta calle, miren: los jacarandaes, las veredas poceadas, los soretes de los cuzcos, los coches de 100 mil pesos, los carritos de los cartoneros… ¿Tiene lógica? ¡¡De qué lógica me hablan!! No seamos giles. Un objeto no tiene sentido. Es. Pero después viene la fantasía y dice que sí. Y así estamos.
Ahora entendemos también nuestro sentimiento: ¡qué solos que estamos! En posesión, sí, de algunas cosas: un borrador, difusiones.
Puede llover, puede que no. ¿Qué sé del tiempo? Nada. No puedo saber del tiempo, nada puedo saber, si llueve o no llueve.
Pero ojo: la tautología y la objeción no son absurdas. Son simbólicas, nada más. Como el álgebra, la geometría, y tantas otras ciencias, tantas. Simplemente representan el estado posible de las cosas de este mundo. Espacios de juego, conjeturas, rincones.
La tautología debe ser desplazada a la realidad. Hay que darle cabida, hacerle un lugar a la tautología. ¡Y van a ver, van a ver lo que sucede!
La verdad de la tautología está en lo que destruye.
Por el hecho mismo de que no puede haber nada cierto en este mundo. Nada seguro. Una casa, mi casa, puede venirse abajo en cualquier momento. Pero no lo sé. Vivimos en la superstición de la certeza y el control.
La forma general de la vida es harto mudable. Nada permanece, todo se pudre.
Seamos humanos.
Tendemos a confundir las discusiones, a confundirlo todo. Esto, por ejemplo, ¿qué es? Y decimos algo. Después otra cosa. Y así. Charlatanería. Inanidad. Estúpidos registros. Que se van apilando, apilando. Uno más. ¡Sabio ser humano!
Si no cometo errores, no hay confusión. En eso se basa la teoría del sentido de las propuestas y de las funciones. Las propuestas de la lógica fueron nombres, y sus discusiones, ídem. Yo escribo, simplemente. Escribo el mundo, mi mente.
Aunque hayamos pensado, y mucho, de nada sirvió: hemos empeorado.
Si decimos “Sócrates es mortal”, ¿qué decimos? Nada, qué vamos a decir.
El número de las operaciones esenciales necesarias sólo depende de nuestra notación, mi notación.
La única cosa que piensa es el hombre. Las demás cosas no piensan, están.
La voluntad no cambia el mundo, el mundo cambia solo (si quiere).
El mundo es sin significado. No es interpretable. Aquel que lo interpreta no entiende nada.
El mundo es tal cual es.
La muerte no es ningún acontecimiento externo a la vida, no es su opuesto. A ver si nos entra de una vez por todas: la muerte es la vida. El resto es blabla.
Nuestra vida es tan infinitamente ésta, que nuestro campo visual es ilimitado.
Es necesario despegar, luego aterrizar. Tocar la tierra, darse de cabeza, rompérsela. Sólo así veremos algo.
Dios no está en el mundo. Tampoco lo gobierna. Nada de eso. Ésas son supercherías. Dios es el mundo.
Los hechos son los hechos, y punto. Preguntarse por los hechos es la paja hacerse.
No. Repito: no. Ya tenemos bastante con este mundo como para estar pensando en que hay otro. Y si lo hay, ¿qué? ¿Eso cambia algo?
Hic et nunc.
Para encontrar una respuesta, eliminemos la pregunta.
¡Lo lindo nunca puede ser bello, mis queridos! ¡Jamás!
Nuestros verdaderos problemas no han sido todavía formulados. Lejos estamos de eso. Falta mucho todavía.
La cosa indecible existe. ¡Indudablemente! Sin embargo, todavía hay gente que no lo ve. Están todavía con que 1 + 1 = 2. ¡¡Quieren entender!!
Mis proposiciones esclarecen. Pero sólo las comprende aquel que al final las reconoce como absurdas. Las sube, las sube, y cuando llega, tira la escalera. Desde el techo, ve. Porque hay cosas que no se pueden nombrar. ¡Dejemos de hablar al pedo!